Para qué vendrían a servir los diarios. Desde mi punto de vista, debemos olvidar el pasado todo el tiempo y centrarnos en nuestro presente y en todo lo que no sabemos en estos momentos al momento de actuar. Nuestro mundo es desconocido. Ahora que escribo pienso en cómo será saber, cómo será olvidar.
Tengo una pequeña fijación con los dichos, con las frases hechas que muchos repetimos porque sintetizan tantas cosas. El amor es ciego.
Si bien la connotación de esa frase suele ser que uno no piensa en el físico del ser amado, me gusta pensar en otras cosas.
Me gusta pensar en el amor como esa idea en los mitos griegos del demonio (los doctos le dicen daimon). Aquello que entra en nosotros y nos enloquece con su sabiduría. Violeta Parra canta “solo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes”
Qué será el amor.
Le doy vueltas a la idea que es el restregamiento en el rostro de lo incompletos que somos, de la búsqueda de siempre: completarnos, disolver nuestra individualidad con otra y seguramente luego, con todas. El amor y la muerte.
Sí, como si el amor fuera un ensayo de muerte. Una agonía tan fuerte (sí, “agon” es “lucha”).
Ese sentimiento de ser una lanza que va hacia algo, que siempre que cree que está cerca se da cuenta que falta más, más.
Esa búsqueda desde lo incompletos que somos y siempre seremos hasta que obtengamos la dicha de disolvernos.
¿Será eso?
La ceguera esá tan asociada a la sabiduría que no me queda más que descollar la frase y pensar que en efecto nos vuelve ciegos y “sabemos” recién algo cuando lo sentimos y nos damos cuenta que estamos tan por hacer.