peqeño eres. chiqito, un niño.
ayer te vi. no pudiste saludarme. te sentaste en un lugar para poder verme. no solo eso. pediste qe me tomen fotos, como la otra vez qe me grabaron. lo sospechaba, pero esperaba qe te sentaras a mi lado. enviaste una cerveza a mi mesa, pero la aparté.
por qé qiero cuidarte?
eres tan preciso para mi. me gustas tanto y te extraño y te qiero. me siento bien qeriéndote. de pronto creo qe es peligroso.
esta vez, los cuatro primeros días empezó ese síndrome raro qe no sé qé es. las náuseas. no pude comer por cuatro días enteros. todo me daba náuseas. luego cada día se ha hecho un proceso de preparación mental antes de comer. tienes qe comer, tienes qe comer, me digo. por otra parte, me oigo decir no qiero, no qiero comer, no qiero nada. qiero qe desaparezca mi cuerpo.
ayer te vi.
muy nervioso, protegido como siempre por tu mancha.
hubiera botado a todos o te hubiera sacado de ahí a decirte qe te qiero. pero no debo. una parte de mi dice qe no. mientras no esté segura y no lo estaré si no estás seguro, no lo haré.
guardé los wayruros qe me regalaste y tenía puestos.
todo el tiempo qe estuviste ahí qise vomitar. las arcadas se precipitaban y tenía qe tratar de mantener mi esófago tranqilo. no podía beber, empecé a tomar agua. pero pude, creo, logré fingir qe lo único qe qería era irme.
sé qe te has ido a casa al rato.
no sé qé qerías lograr.
qizá solo verme y
fotografiarme.
con esa seguridad qe logras al creer qe nunca puedes acercarte a mi resuelto.
las náuseas vuelven de a ratos, junto a mi tos qe ya tiene más de un año. porqe empezó en las épocas en las qe me di cuenta qe ya me había enamorado. te acuerdas qe te dije “y la tbc?” y me besaste y dijiste “y te besé”.